aura digital

A project by Markus Rico & Carolina Romano



English

 In 1935, Walter Benjamin talked about the loss of  the aura in artwork in an age of mechanical reproduction. Forty years later, Jean Baudrillard highlighted also the unlimited proliferation of the images.
In the field of art, according to him;  the transcendence, the “aura”, gave place to the pure circulation of images without trace, without shadow, without consequences.
 If this happened with art because of different technological changes since the early twentieth century… What will happen, for example, with an image like a family portrait, considering that photography/souvenir as family photography is the most common way that this device is used on a social level?
 This project attemps to reflect and question about the “loss of aura” in family portraiture. What changes have occurred from the “darreguerro tipo” with his unique shot, or from limited copies of memorable events (baptisms, communions, weddings, etc.) that families keep in albums or shoe boxes in their homes as ritual objects (the cult to memory, the cult to ancestors, to identity ) and to the myriad of digital photos, family, personal, casual, inconsequential, interchangeable, reproduced ad nauseum on the internet, in different social networks?
  How do these technologies change the construction of family memory? The relationship between photography and time has been studied extensively, Barthes said that the photograph captured time, that was then left as a prisoner in the impregnating, like a fly in amber. As analog photographic images are not a copies: it was a print. This is what different theorists, including Roland Barthes, Jean - Marie Schaefer or Rosalind Krauss revealed.  Its indexical - iconic double role made it a “proof of existence” of the truly ’ been there ‘. With digital photography, however, there is indeed a time captured by the shot, but simultaneously, this time is paradoxically questioned. Or not?
 For Jacques Derrida, there is no contradiction: the photograph never referred to reality but to a “reality effect”. Photography has always had for this philosopher more of substitution that of presence.
 Using digital technologies, people believe they have a kind of integrated memory, a life continually photographed. This excess, this familiar/social memory saturation, this desire to capture it all and keep it all, this desire to share everything it entails, in addition to a displacement of the personal, the private to the public, a shift in the shape of individuality of subjects.
 New technologies allow one to be not just one, but several different people, mobile, changing, never fully defined. The memories, the past, can be edited and republished continuously. Social networks like Facebook and Instagram are examples of these new forms of identity ranging from exhibition, simulation and appropriation.



Español

 En 1935, Walter Benjamin hablaba sobre la pérdida del aura de la obra de arte en la era de la reproductibilidad técnica. Cuarenta años más tarde, Jean Baudrillard resaltaba, por su parte, la voluntad de diseminación ilimitada de las imágenes.
 En el terreno del arte, según él, la trascendencia, el “aura”, dejaba lugar a la circulación pura de imágenes sin huella, sin sombra, sin consecuencias.
 Si esto sucedía con el arte a partir de los diferentes cambios tecnológicos registrados desde comienzos del siglo XX, ¿qué sucederá, por ejemplo, con una imagen como la de la fotografía de familia, teniendo en cuenta que la fotografía-souvenir, la fotografía familiar, es la manera más frecuente en que este dispositivo es utilizado a nivel social?
 Este proyecto pretende reflexionar y problematizar sobre la “pérdida del aura” en la fotografía familiar. ¿Qué cambios ha registrado ésta desde el darreguerrotipo con su toma única, o desde las limitadas copias de eventos trascendentales (bautismos, comuniones, casamientos,etcétera) que las familias guardaban en álbumes o en cajas de zapatos en sus hogares como objeto ritual al cual rendirle culto (el culto a la memoria, el culto a los antepasados, a la identidad) hasta las miríadas de fotografías digitales, familiares, personales, casuales, intrascendentes, intercambiables, reproducidas hasta el hartazgo en internet, en las diferentes redes sociales? ¿Cómo modifican estas tecnologías la elaboración de la memoria familiar? Se ha estudiado ampliamente la relación de la fotografía con el tiempo. Barthes, por ejemplo, decía que la fotografía capturaba el tiempo, que quedaba prisionero en el impregnante como una mosca en el ámbar. Porque la imagen fotográfica moderna analógica, no era una copia: era una impresión. Así lo señalaron diferentes teóricos, entre ellos Roland Barthes, Jean-Marie Schaefer o Rosalind Krauss. Su doble cualidad indicial-icónica la convertía en una « prueba de existencia » de lo que verdaderamente « había estado allí». Con la fotografía digital, en cambio, sí existe un tiempo capturado por la toma, pero a la vez, este mismo tiempo es paradójicamente puesto en duda. ¿O no?
 Para Jacques Derrida, no existe contradicción: la fotografía nunca remitió a lo real sino a un “efecto de realidad”. La fotografía ha tenido siempre para este filósofo más de substitución que de presencia.
 Mediante las tecnologías digitales, las personas creen poseer una suerte de memoria integral, una vida continuamente fotografiada. Este exceso, esta saturación de memoria familiar/social, este afán por capturarlo todo y guardarlo todo, este afán de compartirlo todo conlleva, además de un desplazamiento de lo personal, de lo privado hacia lo público, un giro en las maneras de individualidad de los sujetos.
 Las nuevas tecnologías permiten ser no ya una sino varias personas diferentes, móviles, cambiantes, nunca del todo definidas. Los recuerdos, el pasado, pueden ser editados y reeditados continuamente. Las redes sociales como Facebook o Instagram son ejemplos de estas nuevas formas identitarias que fluctúan entre exhibición, simulación y apropiación.

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